MIQUEL Y FRANCESCO – Miguel Rual (ES)

5Alguna luz extraña debió iluminar la noche de Lisboa
para que nos encontrásemos los cuatro,
perdidos por los caminos del Bairro Alto,
y nos saludásemos como antiguos conocidos.
Bebimos mucho después del vino de la cena.
Después de tres oportos,
¿decidiste tú, Carlos,
perfilar nuestra silueta con ginebra?

No recuerdo cómo llegamos,
¿acaso caminamos, bajamos caminando hasta la plaza?
Qué campana de cuatro timbres vibraba
sobre el tumulto agitado de los bares.
Sé que llegamos.

Tú y yo discutimos,
¿para qué recordarlo ahora
y dejarlo escrito para siempre?

Discutimos, yo era más joven
—qué rápido envejezco a tu lado,
y qué alegría poder acompasar nuestras edades,
aunque no sea en los años de nuestros cuerpos—

y ya está.

Disfrutamos: tú, de Miquel;
Francesco, de Miguel;
el alba, de nosotros dos.

Disfrutamos, también Miquel y Francesco,
ajenos a nuestra discusión.

Aprendimos, que el amor es un racimo de luciérnagas.
Si se extinguen unas pocas,
las que quedan se acentúan,
y es más fuerte el resplandor.

Miguel Rual, Compartir el frío (inedito, 2015)
Foto: Vitor Días

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